Welasilo contra la opresión. A propósito de símbolos e himnos

Welasilo contra la opresión. A propósito de símbolos e himnos
Portada del Himno patrio de Chile destinado a las escuelas púbicas Fuente: memoriachilena.cl

“Recuerdo los días del estallido y las canciones que se convirtieron en himno de forma espontánea, que surgieron desde la calle, fueron “El derecho de vivir en paz” y “El baile de los que sobran”, quizás más épicos que el “Puro Chile”. Qué dirían Bernardo de Vera y Pintado, y Eusebio Lillo de lo ocurrido en esos días, quizás también las cantarían junto a Víctor Jara y Jorge González.”

A propósito de la instalación de la Convención Constituyente, se produjo la fallida interpretación de la Canción Nacional por parte de la orquesta de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, ya que las condiciones existentes, no permitían que se llevara a cabo, y además la Canción Nacional genera en algunos sectores rechazo, ya que se ha convertido en un símbolo de la derecha más rancia que apela al gran valor del “patriotismo”, un patriotismo vacío de contenido y lleno de consignas. Y ya sabemos que “el patriotismo es el último reducto de los canallas”.
 
Quedan como imágenes en la memoria, los que cantaron el himno cuando ocurrió el eclipse en el 2019, o la interpretación cantada con tanto ánimo por la selección de fútbol en el mundial de Sudáfrica, en contraposición a los jugadores españoles que permanecían mudos cuando sonaba su himno, pero ojo, el himno español no tiene letra.
 
Muchos piensan que la Canción Nacional es un símbolo que no puede ser cuestionado por nadie, otros creen que debe revisarse porque no representa al Chile actual, y aunque puede parecer una polémica artificial, tiene una historia interesante.
 
Las canciones nacionales surgen con La Marsellesa en Francia revolucionaria, en 1792, cuando este país es atacado por las potencias europeas que quieren terminar con el proceso revolucionario y restituir el poder cuestionado de la monarquía. Es una composición que el estado francés adoptó tiempo después como canción nacional. La Marsellesa es una composición que apela al valor para enfrentar a los enemigos de ese momento, y ha sido criticada en diversos momentos por su tono bélico. Esto de los símbolos era importante en un momento en que los estados comienzan a forjar ciertos valores ciudadanos y requieren crear lazos de unidad, de identidad. En Francia se dejaba de ser súbditos para ser ciudadanos. Es una frase corta, pero un gran cambio.
 
En América Latina los procesos de independencia también dejaron un vacío y la necesidad de crear estos símbolos tiene que ver con generar identidad y rescatar fragmentos de la historia, recordemos que a principios del siglo XIX era muy poca la gente que sabía leer, por lo tanto, había que buscar la forma de transmitir, perpetuar los relatos y también era necesario disciplinar al mundo popular.
 
En 1820 se crea el primer himno, se le encarga la misión a Bernardo de Vera y Pintado, un hombre que había participado activamente en el proceso de independencia, nació en Argentina, pero había desarrollado su vida desde joven en Chile. Este primer himno recoge el sentimiento independentista de la época y la ardua lucha contra los españoles. Vera y Pintado había sufrido los rigores del proceso, así que el himno era categórico en ese aspecto. Algunas muestras de ejemplo:
 
En la primera estrofa:
“El cadalso o la antigua cadena
Os presenta el soberbio español
Arrancad el puñal al tirano
Quebrantad ese cuello feroz”
 
En la cuarta estrofa:
“Ciudadanos mirad el campo
El cadáver del vil invasor
Que perezca ese cruel que el sepulcro
Tan lejano a su cuna buscó”
 
En la sexta estrofa:
“De Lautaro, Colo Colo y Rengo
Reanimad el nativo valor
Y empeñad el coraje en las fieras
Que la España a extinguirnos mandó”
 
Como se ve, la lírica del himno era bien fuerte y marcaba ese momento histórico de las guerras de independencia y una mirada de reconocimiento al pueblo mapuche.
 
Respecto a la música, primero se le encargó a un músico peruano, después la realizó el músico chileno Manuel Robles. En 1827 Mariano Egaña; que era embajador en Londres; le pidió a Ramón Carnicer, músico catalán que vivía en el exilio, que compusiera una nueva música para el himno, que es la actual. Esta solicitud no fue un acto estatal, sino que una petición a título personal de Egaña. Es decir, una manifestación del pituto ancestral de la élite.
 
Posteriormente, este himno que fue cantado por varias generaciones, tuvo complicaciones porque en 1847, Chile retomó sus relaciones con España y se consideró que el himno era  ofensivo, y alguien debe haber dicho “no es la forma”, y el gobierno de Manuel Bulnes que era un militar, y además sobrino del militar anterior que había sido presidente desde 1831 a 1841, encargó rehacer la letra a Eusebio Lillo, un joven funcionario de gobierno, que además era poeta y había publicado algunas de sus obras. En ese momento, Lillo tenía 21 años, luego formó parte del movimiento liberal, incluso fue condenado a muerte por oponerse al poder del gobierno conservador de Manuel Montt en 1851, pena que le fue cambiada. Lillo conservó el coro de la antigua canción, “Dulce patria, recibe los votos, con que Chile en tus aras juró, que o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión”.  Así que el “welasilo contra la opresión”, viene de hace tiempo.
 
La nueva letra también generó polémica, muchos la encontraron deslavada. La primera estrofa manifiesta este acomodo político: “Ha cesado la lucha sangrienta, ya es hermano el que ayer opresor”. Benjamín Vicuña Mackenna cuando fue intendente de Santiago en la década de 1870,  inauguró un acto con la antigua canción, ya que para su generación era la verdadera.  
 
En las escuelas se exaltó; después de la guerra contra Perú y Bolivia, el patriotismo, y para eso la Canción Nacional entregaba elementos que permitían llegar a las nuevas generaciones de la época. En esos tiempos a los niños se le hacía prácticas de ejercicios militares, incluso el Estado distribuía fusiles de madera para que los niños aprendieran a utilizarlos. El siglo XX, con la masificación de la tecnología hizo lo suyo en pos de promover la canción.
 
Durante la dictadura de Pinochet, los símbolos nacionales se exaltaron. En este período se nombró mediante decreto que el copihue sería la flor nacional (1977) y la cueca sería el baile oficial (1979), y respecto al himno se comenzó a cantar la estrofa que Eusebio Lillo escribió para mantener el papel de los militares (“vuestros nombres valientes soldados…”) pero ojo, los símbolos no son el fondo, lamentablemente la lógica militar hace creer que los símbolos son lo que permanece.
 
En los ‘90, se volvió oficialmente a cantar solamente la estrofa del “Puro Chile” y evidentemente el fútbol ha hecho lo suyo en la promoción de la canción, y con el tiempo nos hemos acostumbrado a escucharla y a pensarla como una parte del paisaje, pero hasta el paisaje cambia.
 
Recuerdo los días del estallido y las canciones que se convirtieron en himno de forma espontánea, que surgieron desde la calle, fueron “El derecho de vivir en paz” y “El baile de los que sobran”, quizás más épicos que el “Puro Chile”. Qué dirían Bernardo de Vera y Pintado, y Eusebio Lillo de lo ocurrido en esos días, quizás también las cantarían junto a Víctor Jara y Jorge González.
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    Marcos Sepúlveda Gon · 5 months ago
    Buen trabajo. Sin duda los símbolos están cambiando, también los valores...y el valor de las fronteras. Tal vez en lugar de himno nacional, tendremos una coreografía continental sin letra.
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